"No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes
aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mis flaquezas.
Eso es alcanzar
lo más alto,
lo que tal vez nos dará el cielo:
No admiraciones ni
victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una realidad
innegable,
como las piedras y los árboles.
(De "Llaneza", Jorge luis Borges)

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domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre los vicios y la virtudes

Leyendo hoy el post del amigo Ángel (Java) López (http://ajlopez.zoomblog.com/archivo/2010/05/16/democratas-segun-Mencken.html); me volvieron las ganas de escribir sobre uno de los primeros provocadores de la literatura económica. Se trata de Bernard de Mandeville (http://es.wikipedia.org/wiki/Bernard_Mandeville), médico holandés que vivió en Inglaterra y que tuvo el mismo efecto sobre la economía que el que antes había tenido Machiavello sobre la política o el que tuvo el marqués de Sade sobre la literatura. Criticado por todos por sus aspectos morales pero, influenciándolos casi inconcientemente por sus razonamientos y afirmaciones.

Su libro "La fábula de las abejas o vicios privados beneficios públicos" (Fondo de la Cultura Económica) es, según Henry C. Robinson: "El libro más malvado e inteligente de la lengua inglesa" (Henry Crab Robinson, Diary).

Este poema que hoy sólo molestaría a algunos hegelianos -de izquierda o derecha- influyó en la agenda filosófica inglesa de los siguientes 200 años. Se comenta que el Dr. Samuel Johnson lo describió como un libro que todo joven tenía en su bliblioteca en la creencia errónea de que era un libro perverso.

Soy de la idea casi religiosa de que todo tiene una razón de ser en el universo. Por ejemplo, estoy convencido de que la existencia de los índices y las censuras de casi toda la edad moderna fueron un excelente recurso publicitario para libros que, sin ella, hubieran pasado absolutamente desapercibidos pues iban en contra del saber general de la época. En definitiva siempre me han servido como una guía de lo que yo debía leer.

Probablemente Mandeville fue de los primero en entender el concepto contraintuitivo del interés general construido a partir del interés individual. O por lo menos, satirizar el concepto de "una sociedad de honestos" como la fuente de la felicidad.

Llevó al absurdo la idea (que sin embargo hoy tiene más vigencia que nunca) que si las acciones son conducidas por los interesas individuales son malas y que si tienen su origen en la generosidad, son buenas.

No le llevó demasiado esfuezo probar, a partir de este axioma, que si las acciones egoístas son vicios, la sociedad necesita de ellos para prosperar y que, una comunidad generosa y desinteresada se hundiría en la recesión y la pobreza más o menos como lo hace Bhután.

En su principal argumento sostenía que el orden social era un complejo resultado de una suma algebrarica de acciones individuales y que muchos fenomenos de grado mayor a uno, ni siquiera eran considerados por sus impulsores.

Los individuos al perseguir sus propios fines, fuesen egoístas o altruístas, producían para otros resultados inesperados: una pelea comercial le daba de comer a los abogados quienes a su vez podían pagar la educación y la salud de sus hijos quienes a su vez resultaban, quizá, píos sacerdotes o médicos dedicados.

Obviamente, estos pensamientos suenan mucho a Darwin quien iba a escribir su "Origen de la Especies" cien años más tarde. Por eso es tan admirable este pensamiento evolucionista larvado que sostiene que los deseos se formulan a partir de consideraciones puramente egoístas que son a su vez, direccionadas por las instituciones y las tradiciones de una sociedad, cuyo rol restrictivo la dotan de un "formato" racional.

En la visión de Mandeville, las leyes y las instituciones de una sociedad la describen cabalmente porque ellas han sido construídas en un proceso de "ensayo y error" durante toda su existencia y sigue haciéndolo.

"A menudo asignamos a la excelencia del genio de un hombre y a la profundidad de su agudeza lo que en realidad se debe al tiempo y a la existencia de muchas generaciones, diferenciándose todas ellas muy poco entre sí en dotes naturales y en sagacidad."

Es interesante hacer notar también que, así como Adam Smith era moralista de profesión, Bernard de Mandeville era psiquiatra y su primer libro escrito en 1711 versaba sobre "las pasiones hipocondríacas e histéricas". Es decir, era un sujeto que había tenido tiempo y oportunidad de ver a muchos seres humanos en condiciones de desequilibrio psíquico.

Volviendo al viejo H. L. Mencken citado por el bueno de Ángel Lopez:

"En el mejor de los casos, el hombre es siempre una especie de animal unipulmonado, que nunca es absolutamente completo y perfecto en el sentido en que, digamos, una cucaracha es perfecta. Cuando ostenta una cualidad valiosa, casi siempre carece de otra. Dadle una cabeza y le faltará corazón. Dadle un corazón de cuatro kilos de capacidad y cabeza contendrá escasamente medio. El noventa por ciento de las veces el artista es un timador y un individuo proclive a seducir a las así llamadas vírgenes. El patriota es un fanático intolerante y, la mayoría de las veces, un jactancioso y un cobarde. A menudo el hombre dotado de coraje físico está, desde el punto de vista intelectual, a la altura de un clérigo bautista. El gigante intelectual padece de los riñones y es incapaz de enhebrar una aguja. En todos mi años de busqueda por este mundo, desde la puerta de oro al oeste hasta el Vístula al este, y desde las Orkney Islands al norte hasta las costas del Caribe al sur, jamás he encontrado un hombre cabalmente moral que fuera honorable".


jueves, 1 de abril de 2010

El universo piensa

"El primer "muchachos qué tallarines les serviría!", un verdadero impulso de amor general, dando comienzo a la vez al concepto de espacio y al espacio propiamente dicho, y al tiempo, y a la gravitación universal, y al universo gravitante, haciendo posibles millones de soles, y de planetas, y de campos de trigo, y de señoras Ph(i)Nk dispersas por los continentes de los planetas que amasan con los brazos untados y generosos y enharinados y desde aquel día perdida y nosotros llorándola". Italo Calvino (Cosmicómicas)



¿Qué es pensar? Pensar es realizar especulaciones sobre la realidad, es conjeturar, teorizar. Creemos que sólo piensa el ser humano y en virtud de ello nos sentimos diferentes al resto de la naturaleza.

Además pensamos para tomar decisiones. Pensamos para actuar.

Supongamos que nos damos cuenta que tenemos hambre y que sería una buena idea irnos hasta la panaderia de la otra cuadra a comprar unas facturas. He aquí un pensamiento simple y una solución directa. Tomamos la llave y cuando vamos a abrir la puerta suena el teléfono, atendemos y perdemos 5 minutos en una conversación trivial, cortamos. Vamos a tomar el ascensor y no funciona; debemos bajar por escalera... Y así, varias alternativas se cruzan por nuestro caminos demostrando que llevar el pensamiento a la acción requiere un ingrediente nada desdeñable, la voluntad.

Cada curso de acción que pensamos es influenciado, corregido, desviado y, a veces bloqueado por millones de otras decisiones tomadas por otros seres humanos y por millones de fenómenos no humanos que se atraviesan y lo afectan.

Aún cuando nuestro pensamiento tuviera la capacidad de anticipar mediante complejos modelos de decisión la mayoría de estos fenómenos; la anticipación misma influiría en muchos de ellos, modificándolos a su vez.

La trayectoria del pensamiento original "ir a la panadería" es modificado por la realidad al punto de enriquecerlo de manera aleatoria dándole a esa línea recta imaginaria, la forma de un "electrocardiograma".

Una trayectoria de ese tipo se comoce como "recorrido aleatorio" y es el camino (podríamos llamarla también la forma geométrica) más común en la naturaleza. De hecho el movimento natural por excelencia es ese y se encuentra tanto a nivel microscópico como a nivel macroscópico.

Ahora bien, nuestro pensamiento como especulación es muy simple. Podría decirse que forma parte del reino arquetipos de Platón. Pero en el momento en que lo llevamos a la acción ha tomado un recorrido muy parecido al que toman las cosas que "no piensan", las cosas de la naturaleza.

Si aceptamos que el fenómeno de la acción humana es la consecuencia del pensamiento humano, la acción no humana que describa una trayectoria análoga podría tener el mismo origen.

Podríamos decir que la acción del mar sobre la costa es el producto del pensamiento del mar y que la acción del planeta en su recorrido podría ser el resultado de su pensamiento.

Lo que quiero graficar es que si la humanidad describe el mismo tipo de trayectorias que la naturaleza es porque forma parte de la misma y no se encuentra divorciada de ésta como opinan algunos filósofos.

Los seres humanos dibujamos recorridos aleatorios donde quiera que actuamos. En la economía, en el desarrollo de ciudades, en nuestra predación diaria sobre el planeta.

Si asumimos que estos dibujos surgen de la interacción del pensamiento de la humanidad podemos inferir de manera plausible que el universo piensa, que tiene un plan.

Yo creo esto, y además creo que es lo que Darwin sintetizó en la palabra evolución y es lo Boltzman nos describió como entropía.

Uno de mis libros favoritos sin discución es "Cosmicómicas" de Italo Calvino. En este libro el narrador, Qfwfq, que tiene la misma edad que el universo, nos describe una zaga evolutiva hasta nuestros días.

Lo maravilloso de esta serie de historias es cómo Calvino no interpreta al universo y su devenir como algo separado de la humanidad. Universo, naturaleza, humanidad son todos la misma materia empujada por el mismo motor. En el caso de estas historias, el amor.

Amor, entropía, evolución. Hay algo que está empujando al universo hacia alguna parte. ¿No sería bueno tratar de averiguar de que se trata?

viernes, 26 de marzo de 2010

La angustia del arquero frente al tiro penal

Cuanto más inteligentes; más compleja se presenta la vida y, al menos aparentemente, mayores probabilidades de tener éxito. ¿Es esto cierto?

Cuanta más información tengamos mejores decisiones vamos a tomar. ¿Es verdad?


Imaginemos el gerente de una compañía frente a una inversión multimillonaria, o un presidente que debe decidir si atacar o no a un país vecino o a un enamorado que deba elegir entre darle un beso a una chica o posponerlo. El aumento en la cantidad de información no siempre redundará en una mejor decisión. Puede incluso significarle una pérdida de tiempo precioso, un mensaje de irresolución o la imagen de ser un pacato.

El costo de la recolección de la información puede resultar muy superior a su beneficio.

En algunos casos, incluso más información puede inducir al error. Si el contrincante sabe de nuestro dilema puede filtrar algunos bits más de información falsa o falseada para inducirnos a error. Es un juego de poker.


El componente aleatorio es intrínseco a la existencia de un futuro a construir y da por tierra la hipótesis determinista del demiurgo laplaciano. Por más información que sumemos al modelo siempre habrá un infinito más por sumar. Es más, mucha de la data acumulada se habrá puesto vieja y no nos servirá.

Imaginemos la decisión de un arquero frente al tiro penal, no importa cuánta información recopile ni cuan sofisticado sea su modelo, la decisión final será izquierda o derecha. Y la estrategia más sofisticada no valdrá más que la simple estrategia de tirar una moneda.

Esto explica muchas veces por qué en los puestos de decisión se encuentran sujetos orientados a la acción sin mucha profundidad pero con una gran intuición.
Eso explica también por qué un buen deportista no requiere de un físico o de un matemático que le asesore.

Y, eso explica finalmente, porque los reflexivos y los tímidos no son los preferidos de las mujeres; a los gatos no le gustan los ratones prudentes.


Die Angst des Tormanns beim Elfmeter

sábado, 6 de marzo de 2010

Hacia la mitad de la vida


Nel mezzo del cammin di nostra vita
Mi ritrovai per una selva oscura,
Chè la diritta via era smarrita
Ahi quanto a dir qual era è cosa dura”
(“Hacia la mitad de la vida me perdí en una selva oscura
por haberme separado del camino recto:”)
Dante Alighieri. La Divina Comedia


La Divina Comedia es el poema que elevó al Dante a la categoría de emblema del idioma italiano. Es una descripción de su tiempo, un libelo político y un poema de amor; pero yo lo he leído en esta oportunidad, como una larga reflexión de una persona que ha llegado a la madurez y que luego de una juventud agitada e irreflexiva, dedica un poema a analizar las consecuencias de las acciones.

La juventud es la estación anterior a la adultez. Sus principales características son la abundancia de energía, un carácter en formación y la tendencia a andar en manada.

Durante la juventud estamos subiendo la montaña de la vida. Es una tarea ardua de formación de personalidad donde los otros tienen un rol muy importante en nosotros. Vivimos por comparación y necesitamos, dada esta geografía, el apoyo de nuestros cercanos.

En la tarea de escalar utilizamos ciertas herramientas y olvidamos otras. No somos muy reflexivos, nuestra tarea principal es incorporar prácticas y lealtades. Sufrimos las deserciones como traiciones. Sobrevaloramos la acción. Nos duele el fracaso.

Hacia la mitad de nuestra vida, de una manera o de otra empezamos a percibir nuestra altura. El camino se ameseta y el vértigo se diluye. La energía se orienta y las acciones que antes nos divertían, ahora se tornan repetitivas y triviales.

Tomamos conciencia de nuestra individualidad y empezamos a reflexionar sobre el camino que resta por recorrer. Y esa reflexión es muy parecida a la del Dante: Infierno, purgatorio, paraíso.

  • Sebastián se separó hace un mes y no es que no quisiera a Sara... el matrimonio y los hijos les habían secado la vida. El sueldo se iba en el colegio de los chicos y... los chicos. Ambos tenían que recuperar sus vidas.
  • Esteban quiere dejar de ser un adolecente. Con 40 años está cansado y se siente fuera de lugar. Quisiera tener mujer e hijos que le permitan recorrer el resto de su vida con más fluidez y contención.

  • Felipe no vuelve a casa hasta tarde. Le escapa al agobio familiar con una mezcla de after hour, trabajo y secretarias sedientas de privilegios. Le gustaría dar marcha atrás y empezar todo de nuevo.

  • Majo se encuentra repitiendo una y otra vez los viejos trucos para conseguir chico. Claro, con 35 años esos trucos aburren, tienen efecto en los que no le interesan y cada vez duran menos.
La madurez viene cuando el “modelo escalador” de la juventud empieza a chirriar porque la geografía ha cambiado. En ese momento empieza a hacerse imperiosa una herramienta que ha tenido poco uso; la reflexión.

Como el Dante, nos hallamos perdidos en un escenario desconocido, “en una selva oscura”. Y en ese momento lo más importante, es saber que engañarnos a nosotros mismos, es muy mal negocio.-

domingo, 28 de febrero de 2010

EL HOMBRE Y LA NATURALEZA

“El que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros” Federico Nietzsche
Las relaciones entre el hombre y la naturaleza siempre han sido conflictivas. Ella todo el tiempo está resaltando nuestra precariedad y nuestros límites. En contrapartida, nosotros hemos buscado, desde siempre, resaltar el carácter antropocéntrico de la creación y el rol de la humanidad como el sentido mismo del universo.

La religión primero y la filosofía después han planteado este divorcio. El hombre es algo distinto de la naturaleza. Puede ser su amo, su destructor, su amigo, su enemigo, su víctima; pero nunca será naturaleza.

“Lo natural es el mono” decía Ortega y Gasset en respuesta a quienes añoraban volver al Edén de la vida natural queriendo librarse del pecado original del pensamiento y la duda.
La sabiduría convencional todavía sostiene que es la conciencia del propio ser lo que nos aleja de la naturaleza. Lo que nos hace distintos a otros seres vivos.

Este punto de vista ha sido trastocado de manera fundamental por varios pensadores contemporáneos, entre ellos, el premio Nobel de química (1977) Ilya Prigogine. Su Teoría del Caos ha echado nueva luz sobre las relaciones entre naturaleza y humanidad dando al ser humano un nuevo lugar dentro de aquella.

Lo interesante de la teoría del caos es que no busca explicar la identidad hombre-naturaleza desde la irracionalidad del hombre sino que lo hace explorando la racionalidad de la naturaleza.
La teoría del caos nos describe cómo piensa la naturaleza a través de los procesos irreversibles y nos entrega una visión del tiempo como proceso creador. Estos procesos son muy similares a como actúa la sociedad en su conjunto.

El movimiento browniano, mejor conocido como recorrido aleatorio (random walk) es el que mejor explica tanto los fenómenos naturales, como los sociales.

Esto de alguna manera ha re-jerarquizado a los fenómenos naturales dándoles coherencia y dirección. El hombre se comporta socialmente como la partícula en suspensión persiguiendo ciego un objetivo desconocido por él en un universo de azar y necesidad.

Los dejo libres a sus reflexiones, no sin antes sumar un poco de ruido con un pequeño poema de D H Lawrence :

Autocompasión

Jamás vi una bestia salvaje
Que fuera autocompasiva.
Un pequeño pájaro caerá congelado de una rama

Sin haber tenido jamás que disculparse ante
sí mismo.