"No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes
aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mis flaquezas.
Eso es alcanzar
lo más alto,
lo que tal vez nos dará el cielo:
No admiraciones ni
victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una realidad
innegable,
como las piedras y los árboles.
(De "Llaneza", Jorge luis Borges)

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sábado, 8 de mayo de 2010

Bajo los Olmos

Hoy a la mañana, charlando con el bueno de A. J. López (http://ajlopez.zoomblog.com/) no se como surgió el tema del suicidio y de H. L. Mencken. Me comprometí con Ángel a transcribirle el artículo que, creo no está en castellano en internet y cuyo libro data de 1971. La traducción es de Eduardo Goligorsky (Ediciones Granica) y si lo quieren en inglés, está publicado en "A Mencken Chrestomathy" (Vintage Books).
Les paso también un muy interesante artículo sobre él escrito por Murray N. Rothbard http://www.lewrockwell.com/rothbard/rothbard19.html.

Finalmente, lo que Borges dijo de Mencken:

"Suelo preguntar y preguntarme: ¿Sería concebible en este país un H. L. Mencken, un aclamado especialista en el arte de calumniar y de vituperar al país? Me parece que no. El patriotismo, el seudopatriotismo argentino es una pobre cosa que está a merced de un epigrama casual, de un puntapié montevideano o del puño izquierdo de Demsey. Una sonrisa, un inocente olvido nos duelen. La popularidad de Mencken es obra de su denigración pertinaz de Estados Unidos; un Mencken argentino -con éxito- es inimaginable".


Bajos Los Olmos (1927)

H. L. Mencken
A comienzos de 1927 hubo varios suicidios en los campus universitarios, y los diarios les dieron un énfasis melodramático, procurando demostrar que se trataba de una epidemia. Varios pedagogos alarmados apoyaron la campaña, y uno de ellos, el doctor John Martin Thomas, presidente de Rutgers, declaró al Times de Trenton, Nueva Jersey, que la causa era un "exceso de Mencken". El Times me preguntó qué opinaba al respecto, y le envié la nota que sigue: "Thomas, pastor presbiteriano metido a pedagogo, fue presidente de Rutgers desde 1925 hasta 1930. Renunció para dedicarse al negocio de los seguros"

No veo nada misterioso en estos suicidios. El impulso de autodestrucción acompaña por naturaleza al proceso educacional. Todo estudiante avispado decide amargamente, en uno u otro momento de su carrera universitaria, que sería más sensato morir que continuar viviendo. Yo me eximí de las humillaciones intelectuales de la educación universitaria, pero en los últimos años de mi adolecencia, cuando empecé a vislumbrar gradualmente la verdad, resolví en más de una oportunidad que la muerte era preferible a la vida. A esa edad el sentido del humor está en baja. Más tarde, merced a los misteriosos designios de la providencia divina, se recupera.

¿Qué es lo que mantiene vivo a un hombre meditabundo y escéptico? Sospecho que en buena parte es el sentido del humor. Pero a esto suma la curiosidad. La existencia del hombre es siempre irracional y a menudo dolorosa, pero en última instancia sigue siendo interesante. Uno quiere saber qué es lo que ocurrirá el día siguiente ¿La dama del vestido malva será más gentil que hoy? Estos interrogantes mantienen con vida a los seres humanos. Si se conociera el futuro, todo hombre inteligente se mataría al instante, y la república estaría poblada exclusivamente por cretinos. Quizá ahora estamos marchando realmente hacia ese desenlace.

Espero que nadie se sienta inquieto y alarmado por el hecho de que diversos obispos, presidentes de universidades, conferencistas rotarianos y otros idiotas profesionales de la misma índole, ocupan las páginas de los diarios con pomposas discusiones sobre la presunta ola de suicidios estudiantiles. Debemos recordar que estos hombres casi nunca trabajan con realidades. Todas sus vidas están consagradas a inventar 'espantajos' contra los que luego se baten. Después de un tiempo ellos, al igual que los directores de diarios, se cansarán de esta farsa y se echarán a fociferar contra otros fantasmas. Mientras tanto, el mundo seguirá su marcha insegura. Sus ideas jamás se deben tomar en serio. Su única función visible sobre la tierra es la de actuar como ejemplos vivientes de que la cultura no es, en modo alguno, sinónimo de inteligencia.

A lo que me gustaría asistir, si semejante cosa se pudiese organizar, sería a una ola de suicidios entre los presidentes de universidades. Yo suministraría con mucho gusto las pistolas, cuchillos, cuerdas, venenos y otras herramientas necesarias. Más aún, me encantaría cargar las pistolas, afilar los cuchillos y anudar los lazos corredizos. El estudiante universitario que se arroja sin que nadie lo instigue en los brazos de Dios sólo se gratifica a sí mismo. Pero si un presidente de universidad hiciera otro tanto, su acto se convertiría en motivo de vehemente e indeleble regocijo para grandes multitudes de personas. Lanzo la idea y la hago correr...


sábado, 3 de abril de 2010

El tiempo, Wimpi



Sacarle la punta al lápiz con una tijera y lustrarse los zapatos con la colcha, son cosas que el tipo hace a cada rato. Sacar tornillos con una uña y rascarse la oreja con un fósforo, también.

El tipo tiene una práctica de la vida, que es lo que le da la llamada experiencia. Pero carece de una teoría de la vida, que es lo que le permitiría reunir en cualquier momento todos los recursos para afrontar con éxito a cualquiera que fuesen el enojo, la pena o el miedo.

El teórico es el tipo que desde que el perro era niño lo acostumbró a no acucharse en las sillas del comedor. El práctico es el tipo que, habiendo descuidado (para no perder el tiempo) la educación del perro, cuando lo ve en la silla le tira con algo y rompe el florero.

El teórico es el que elige la ballenita del tamaño del cuello, y el práctico es el que rompe la larga, sin tener en cuenta que después resultará corta para otro cuello más alto, dando motivo a la frustración del intento de erguirlo con la ballenita mutilada,o un inútil y antiestético pataleo.

El tipo no ha logrado aún la baquía que le facilite el manejo de las cosas, ni su propio manejo. Estruja el tubo de la pasta de dientes creyendo que así "hace más rápido", sin recordar que la próxima vez tendrá que extraer la pasta con una horquilla.

Se saca los zapatos sin desatar ("para hacer más pronto", y a la mañana siguiente, para desatarlos en el aire emplea un tiempo cuatro veces mayor del que hubiese empleado dasatándoselo puestos.

Siempre ha sido más fácil manipular un zapato relleno que uno hueco.
El tipo vive en borrador, dispusto a pasarse en limpio al día siguiente. Pero, como al día siguiente no tiene tiempo, en vez de ir puliendo horas que agracien, luego, al agazapado recuerdo, va amontonando escombros, que ha de dificultar a la siguiente tentativa.

No tiene noción del tiempo.

Cuando el tipo es lerdo dice: "hay que darle tiempo al tiempo"; y el tiempo pasa, entonces, inútilmente por el tipo. Cuando el tipo es nervioso dice: "hay que aprovechar el tiempo"; pero como lo llena de empujones, de surmenages, es él, de esta manera, quién pasa inútilmente por el tiempo.

Cuando el tipo no hace nada dice que está "haciendo tiempo". Pero si cuando no hace nada, "hace tiempo", ¿cómo es que le falta tiempo cada vez que lo necesita?

El tiempo es la dimensión fundamental del tipo. Es el medio maravilloso a través del cual el tipo dura. No es el cambio el que es producido por el tiempo, sino que es el tiempo el que es producido por el cambio. El tiempo existe, en tanto que existe la actividad creadora, el tránsito de lo que no es a lo que es.

Cada hora del tiempo ("quanta" en el fluir incesante) es como un castillo encantado. Sin embargo, el tipo no llega a prender nunca la palabra mágica que hace dormir a los dragones que cuidan el castillo. Ni consigue la llave para entrar por la puerta de los escuderos.

El tipo no advierte que el tiempo que se amontona en el recuerdo no compensa nunca del que se achica para la esperanza.

Mientras le pone tiza al taco de billar, dice el tipo: "voy a matar el tiempo". Y es el tiempo quien mata.

Mata por su falta, que no es por su presencia: como el aire...

Mata totalmente cuando se le confunde, cuando se le revuelve, cuando se le mutila. Si se sabe dignificarle la marcha, en cambio, sólo la vida es lo que muere... El tiempo fluye generoso, marcando en la memoria la lección de su ayer, poniendo frente al paso la cancha de su hoy y agraciando con un gesto de convite a su mañana.

Y el tipo o desatiende lo vivido y cae del pasado al presente como cae una culebra del techo, para luego tener que pasar el porvenir curándose del golpe, o emplea el presente en hablar, aprensivo, de la marca que le dejó el pasado, y entonces, entra al porvenir descalzo, hablando sólo, mirando si lo siguen...

Todo, empero, es presente. Hay un presente del pasado, un presente del presente y un presente del futuro.


Y al tipo le caben, dentro de eso, tres dimensiones milagrosas: la del paso hacia adelante, la del pensamiento hacia adentro, la del sueño hacia arriba.
Cuando se anden, a través de los caminos todavía intransitados de esta alma arrecida de secretos y de encantos, obtendrá el tipo en cada minuto la revelación de su eternidad.



Wimpi: El Gusano Loco: Link PDF para descargar

sábado, 23 de enero de 2010

RETRATO ESTILO PRIMAVERA-FIN DE SIGLO VEINTE ( SPRINT-FIN-DU-SIEGLE)

Paqco Belaunde nació un día perfectamente normal y murió, de manera irremediable, otro día absolutamente vulgar. Esto no tiene nada de interesante como que éstas dos anécdotas son superadas, sin excepción, por todos los vivos y los muertos respectivamente.

Lo notable para nuestra historia fue el intermezzo de vida de Paqco.[1]

No encuentro palabras actuales para definir a Paqco. Espero me perdonen por abusar de ustedes e insertar (Esta sí es una palabra del siglo XXI) un par de períodos un poco decimonónicos.

Paqco era por definición (Y la definición era suya); un perfecto y arquetípico libertino estilo 'siglo veinte'. Es decir, con la cáustica y constructiva ironía del siglo dieciocho, la romántica ensoñación del diecinueve, el placer por el escándalo de la 'Belle epoque' y un desesperado amor por las mujeres actuales (Su target abarcaba de los dieciocho a los cuarenta año, pero estas últimas 'había que cocerlas con un hervor').

Físicamente Paqco era como cualquier argentino; es decir, europeo. Su testa (porque Paqco tenía testa y no cabeza) era de un rubio adecuadamente revuelto, oscurecido por los aires del rio de la plata. Sus ojos claros irradiaban una picardía infantil que se enjuagaba en un brillo salobre casi pervertido. Su nariz, según él, perfectamente romana y su sonrisa entre segura, amenazante y tierna no eran de esas que uno encuentra una sola vez en la vida. Es más, la mayoría de los argentinos posee al menos una de ellas (la nariz, por lo menos es usada por casi todos menos, lógicamente, por la muerte: "esa vil desnarigada").

Lo importante en Paqco era el conjunto. Y sobre todo la fuerza vital que ponía en movimiento semejante maquinaria. Eso era único. Y de un efecto arrollador.

Una pintura, aún una de Delacroix, no haría sino reflejar su lado vulgar y vano, e incluso mi intento peca por excesivamente somero. Y es que en el hombre lo importante es el movimiento, eso es lo que lo transforma en individuo. Lo demás es caricatura o idealización, que viene a ser lo mismo. Y la palabra con todos sus "metalenguajes" y complejidades modernas no hacen sino homogeneizar y reducir. El arte, en cuanto a su función descriptiva, es infinitamente inferior a la naturaleza. Sólo se eleva por sobre ella, o al menos la alcanza, cuando es invención. Cuando es comunión con la naturaleza.

Esta digresión que parece tan ridículamente hegeliana (esto en realidad es un pleonasmo) tiene su razón de ser. En realidad, estoy tratando de evitar, y ya estoy desesperando de lograrlo, que el típico lector de novelas estilo Sidney Sheldon se imagine que estoy describiendo a un play boy.
Nada mas lejos de Paqco que un play boy.

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Existen dos procesos que dominan los comportamientos humanos; la innovación y la imitación. Gracias a ellos el mundo evoluciona en un desequilibrio estable.

La innovación es la libertad, la fuerza progresista y crítica que vive en la perpetua insatisfacción. Es orgullo, es pensamiento e infelicidad.

Es diferencia.

Por la imitación la sociedad adopta innovaciones que han sido probadas como eficaces y destruye las estériles. Es la fuerza que regula la velocidad del progreso y lo hace digerible a los estómagos tranquilos y mas perezosos. Es lo que mantiene con vida (a Dios gracias) a los prejuicios. Es tranquilidad, es conformismo, es un poco de cinismo, es paz.

Es el famoso "zoon politicó"n.

Quién lleva a su perfección mediante el manipuleo de pautas aceptadas, arquetipos ya probados como inofensivos para la sociedad. Quién se mueve en el marco de lo conocido obtiene aceptación, amor, admiración. Eso es lo que hace un político, una modelo, un actor o cualquier representante mas o menos conspicuo del Show Business internacional y/o nacional. Son imitadores, grandes comediantes que llevan a la cúspide de la elaboración papeles improvisados por otros y que por azar (y solamente por azar) fueron encontrados como no nocivos para la sociedad.

El play boy es un ser convencional, como que es perfectamente imaginable su rol en cualquier comunidad. Como que su existencia no sólo es tan eterna como la de la prostituta, sino también igualmente neutra para la evolución de lo humano.

No, Paqco no era un play boy, pues él se movía, como todos los experimentadores en la marginalidad del medio. Desconfiaba de la poltrona del aplauso y de la admiración. Y cuando, por alguna casualidad, sus palabras causaban demasiada estridencia, se lo podía oir murmurar: "Me quieren, debo estar poniéndome tonto" o citando a Blake, "'la alegría llora y el llanto ríe', algo malo me va a pasar mañana".

Paqco era fatalista.

Me excedí un poco en los períodos arcaicos y en lo inactual del retrato. Si les choca mi forma de describir exageradamente intempestiva les pido que piensen (Y estoy buscando alguna indulgencia) que mi personaje me ha impuesto el estilo. Tengan un poco de paciencia, espero poder actualizarme a medida que pasen los capítulos. Si logro abandonar esta actitud ensayística y llegar, como corresponde a los usos y costumbres de nuestra literatura, a un relato ordenado, ameno y divertido, habré alcanzado toda mi ambición.

Y no crean que es poca.-

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[1] Sí,es una excentricidad, lo reconozco. Pero Paqco escribía su nombre con qc, y como esta es una biografia un poco rara, sería un error soslayar un detalle que arroja tanta luz sobre su personalidad; aunque su olvido pueda beneficiarnos con el ahorro de algunas letras y con un menor costo de redacción.-

martes, 19 de enero de 2010

La Frontera entre el cielo y el infierno

Matiz de blanco sobre blanco
Blanco sin luz blanco oscuro
Blanco de miedo
Blanco frío
Blanco de traición a la traición
Estéril, silencioso blanco
Lleno de elocuencia
Blanco de culpable absuelto
Con sus culpas en blanco
Con la mirada en blanco
Blanco de vacío en los ojos
Con olor y sudor blanco
Mente en blanco
Moral blanca
Con el prontuario blanqueado
La voz blanca de discurso en blanco
Condenado a la blancura
De una eternidad blanca
La línea entre el cielo y el infierno
El límite interdemiúrgico
Es una frontera blanca como un soplo polar
Blanco como la nada.-

Genealogía natural del amor


¿Viste alguna vez amarse a dos palomas? Voy a describírtelo:

Esta escena puede suceder en cualquier cornisa, cualquier terraza o techo de la ciudad. Pero si te interesa comprenderlo profundamente, tenés que verlo un mediodía soleado de primavera (si es sábado, mejor) e imaginándote que se trata de una metáfora en la cual, la naturaleza está hablando de vos.

Todo esto es tan lírico que da lástima pasar a lo biológico.

Una paloma tordilla se acurruca a tomar sol sobre una cornisa de tejas francesas que se encuentra justo delante de mi ventana. Mi ventana da a un contrafrente. El ambiente es íntimo, gris; y el vértico de los ocho pisos hacia abajo, excita.

En picada, por detrás del sol, quizás como una táctica para no ser visto hasta que sea demasiado tarde, cae un palomo. Ella lo ve, se sorprende, pero lo oculta; finge indiferencia. El palomo se indigna y, orgulloso, hincha su pecho y se pasea alrededor de su dama buscando conquistarla.

Ella se incorpora y realiza un amague de huida que termina diluyéndose en unos imaginarios puntos suspensivos hacia el abismo. Gira sobre si misma y evitando mirar a su contrario pasa al lado suyo. Indiferente y distante.

Todo llama a la timidez y a la desilusión de nuestro Palomo azul; no hay ningún dato objetivo que le indique alguna probabilidad de éxito. Sólo existe la indiferencia. Pero, ¡ah! la indiferencia, está tan cerca del disimulo. Y el palomo lo sabe. En un instante, gira siguiendo el recorrido de ella, la aborda y busca su boca... ella, sorprendentemente, no rehusa.

Éste es quizás el momento de mayor ternura. Y es que la entrega de ella exige, inevitablemente, la retirada del orgullo y la soberbia de él. En este momento sólo existe el amor.

Progresivamente, los besos y las caricias se hacen más intensos y apasionados, el cuerpo de ambos se tensa y lo que antes era ternura pura, ahora es violencia y excitación. Luego, como si ambos sin decir palabra hubieran tomado una decisión, se alejan uno del otro. Ella se exiende en el suelo y él la cubre con sus alas, son dos segundos, y es como un vacío técnico después de la voluptuosidad.

Finalmente se separan y quedan silenciosos un largo tiempo. Mudos y quietos como dos estatuas en la cornisa.

Sorpresivamente él levantará vuelo. Ella se estremece ante lo súbito de la decisión, pero, olvidando su orgullo, le sigue.

Éste es el cuadro, y es igual con el género humano."

viernes, 27 de noviembre de 2009

EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS

Mensaje de Mario de Andrade (Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa...
Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..."